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lunes, 29 de noviembre de 2010

Microsoft está desarrollando pantallas táctiles que adquieren la forma de un teclado físico


Por ahora no hay forma de simular a la perfección un teclado físico en pantalla táctil, pero Microsoft está desarrollando una tecnología que hará que esto sea realidad. La pantalla adquirirá la forma de teclado físico y al escribir sentirás como si se tratase de uno.

MS ha descrito cómo unas pequeñas células de plástico pueden ser usadas en una pantalla touch para que ésta adquiera textura. Las células son del mismo tamaño que los píxeles que están bajo la pantalla y cuando son expuesto a cierta onda de luz UV lo que hacen es levantarse. Hazlas elevarse en un patrón de cuadrícula y tendrás tu nuevo teclado.

Podremos cumplir con todo tipo de tareas desde nuestra pantalla: hacer zoom en un área, usar barras de desplazamiento y ajustar el volumen.

Según Microsoft, esta nueva tecnología está diseñada para grandes pantallas táctiles, y no para laptops, tablets o teléfonos móviles. Pero no hay que preocuparse, ya que debemos recordar que los teclados físicos de los terminales móviles gastan bastante espacio, y de seguro (o al menos eso esperamos) MS adaptará su invento a pantallas de menor tamaño.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Sangre artificial, la nueva esperanza de la medicina

Continuamente se piden donantes de sangre, pero estas donaciones, aunque valiosas, presentan numerosos riesgos para el receptor, incluidas enfermedades como la hepatitis C o el VIH. Ahora, según un artículo publicado el 10 de mayo en la versión en línea de The Guardian, Lance Twyman, Doctor por la Universidad de Kent, trabaja en su laboratorio de la Universidad de Sheffield en el desarrollo de una nueva sangre artificial que sería totalmente estéril e incluso se podría fabricar en forma deshidratada. Esto facilitaría su transporte y permitiría almacenarla de cara al futuro, bastando con añadir agua posteriormente para obtener sangre del grupo 0 negativo (el donante universal).

Twyman lleva tiempo intentando crear moléculas que imiten la naturaleza y ha encontrado las porfirinas, moléculas huecas de forma cuadrada que se combinan con metales como el hierro. "El hierro se encuentra en le centro de la molécula, como en el caso de la hemoglobina", señala Twyman. Sin embargo, aunque la hemoglobina de los glóbulos rojos contiene porfirina basada en hierro para unirse al oxigeno de forma reversible (es decir, para poder captar el oxígeno en los pulmones, transportarlo y liberarlo en los tejidos), la profirina no funciona sola, ya que acaba por reaccionar con el oxígeno en lugar de enlazarse simplemente a él. Por ello, según Twyman, es necesario combinar la química de la porfirina con la química de polímeros para obtener una molécula que imite la hemoglobina.

Tras cinco años de desarrollo, combinando la porfirina con monómeros que se autoensamblan en estructura de árbol, Twyman ha logrado una molécula extremadamente similar a la hemoglobina en forma y tamaño y que, además, ofrece el entorno adecuado alrededor del núcleo de la porfirina para que se enlace el hierro y libere el oxígeno. El aspecto de esta sangre artificial es el de una pasta de color rojo oscuro, con la consistencia de la miel y soluble en agua.

El hecho de poner sangre plástica en el cuerpo, aunque sea para salvar una vida, suena arriesgado, pero Twyman señala que las porfirinas son naturales. Según él, el componente polimérico sería ignorado por sistema inmunológico del cuerpo humano y existen usos médicos en la actualidad que reafirman su postura; sin embargo, de momento, su experimento se limita a tubo de ensayo.

Según Twyman, una de las principales aplicaciones sería el campo de batalla o un lugar en el que se haya producido un desastre importante y donde aportar sangre con rapidez pueda salvar muchas vidas ya que, a diferencia de la sangre donada, ésta es fácil de almacenar y se mantiene a temperatura ambiente.

Actualmente, se está desarrollando una segunda generación de moléculas para realizar una investigación más rigurosa y, si todo va bien, el uso en humanos podría ser lo siguiente.

Otros investigadores se muestran escépticos al respecto y señalan que todavía queda mucho por investigar antes de poder afirmar nada.

Fuente: Guardian Technology