
La forma de caminar de los humanos supone un gasto energético natural, que se produce cuando los pies entran en contacto con el suelo. Según mediciones efectuadas por los investigadores Art Kuo y Steve Collins, con el nuevo pie ortopédico se reduciría el gasto energético hasta en un 23 por ciento, debido a que los tobillos artificiales no reproducen el esfuerzo que hace un tobillo real para “empujar” el suelo al caminar.
Con el nuevo pie artificial, los ingenieros de Michigan lograron que la energía perdida al andar sea reciclada por el pie artificial, y aprovechada para aumentar la potencia del empuje de su tobillo.
